Una vez más, me asombro del revuelo que está generando el avance de las tecnologías relacionadas con la llamada Inteligencia Artificial. Y aunque efectivamente, su progreso exponencial hace que las reglamentaciones y normativas, se queden atrasadas en pocos meses, no puedo entender los niveles de aprensión que está generando. O quizás sí, pueda entenderlo si tengo presente la cantidad de desinformación que se publica en relación con ella (IA). Seguramente hay algún interés catastrofista oculto del tipo y línea a los negacionismos más virales.
Vivimos en un mundo planetario y esférico, del cual no podemos escapar (y va para largo, superar esto). Un mundo que alberga el suficiente arsenal nuclear (conocido; olvidemos el no conocido) de suficiente potencia como para generar catástrofes globales cuya capacidad de acabar con la humanidad y devolvernos a la edad de piedra, está asegurada. Y por sí solo, esto fuera poco, resulta que la mayor parte de ese arsenal y su botón disparador, está en manos de locos como Trump, Putin y aunque en menor medida, pero nada despreciable, Netanyahu*.
¿Y va a resultar que la Inteligencia Artificial es el problema o el peligro?
Una inteligencia que no tiene nada de inteligente. Solo tiene información y la capacidad de aprender de esa información y por supuesto, de un modo rapidísimo. Pero la información por sí sola, ni configurada en red, al modo neuronal, se puede considerar inteligencia. La cacareada IA, es incapaz de hacerse preguntas. Y esa sí que es una característica primordial de lo que es y entendemos por inteligencia. La IA, posiblemente sea imbatible en una partida de ajedrez, pero incapaz de inventar un juego semejante. Es enormemente capaz de interpretar imágenes diagnósticas y sigue aprendiendo, para nuestro provecho, pero no puede inventar un nuevo procedimiento diagnóstico.
No pretendo ni por un momento olvidarme de los peligros que supone la herramienta de la que hablamos, sin el debido control y en las manos ocupadas, ni quitarle hierro al asunto, pero sinceramente, pienso que de todas las posibilidades tecno-destructivas que tenemos, la IA me parece sencillamente muy (la más) amigable.
Hay que tratar de sopesar bien, donde están los peligros que nos amenazan, no vaya a resultar que, entretenidos con los cantos de sirena negativistas, nos cuelen un gol por donde menos pensamos.
Vivimos en un mundo planetario y esférico, del cual no podemos escapar (y va para largo, superar esto). Un mundo que alberga el suficiente arsenal nuclear (conocido; olvidemos el no conocido) de suficiente potencia como para generar catástrofes globales cuya capacidad de acabar con la humanidad y devolvernos a la edad de piedra, está asegurada. Y por sí solo, esto fuera poco, resulta que la mayor parte de ese arsenal y su botón disparador, está en manos de locos como Trump, Putin y aunque en menor medida, pero nada despreciable, Netanyahu*.
Una inteligencia que no tiene nada de inteligente. Solo tiene información y la capacidad de aprender de esa información y por supuesto, de un modo rapidísimo. Pero la información por sí sola, ni configurada en red, al modo neuronal, se puede considerar inteligencia. La cacareada IA, es incapaz de hacerse preguntas. Y esa sí que es una característica primordial de lo que es y entendemos por inteligencia. La IA, posiblemente sea imbatible en una partida de ajedrez, pero incapaz de inventar un juego semejante. Es enormemente capaz de interpretar imágenes diagnósticas y sigue aprendiendo, para nuestro provecho, pero no puede inventar un nuevo procedimiento diagnóstico.
No pretendo ni por un momento olvidarme de los peligros que supone la herramienta de la que hablamos, sin el debido control y en las manos ocupadas, ni quitarle hierro al asunto, pero sinceramente, pienso que de todas las posibilidades tecno-destructivas que tenemos, la IA me parece sencillamente muy (la más) amigable.
Hay que tratar de sopesar bien, donde están los peligros que nos amenazan, no vaya a resultar que, entretenidos con los cantos de sirena negativistas, nos cuelen un gol por donde menos pensamos.
*Se cree ampliamente que Israel posee armas nucleares, se estima que su arsenal oscila entre 90 y 400 ojivas nucleares, y se cree que el país posee la capacidad de lanzarlas por varios métodos, desde aviones, como misiles de crucero lanzados desde submarinos y mediante la serie Jericho de misiles balísticos de alcance intermedio a intercontinental. Se cree que su primera arma nuclear entregable se completó a fines de 1966 o principios de 1967, lo que lo convertiría en el sexto país del mundo en haberlas desarrollado. (Wikipedia)
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reflexión
La IA és més soluciò que problema, de fet, ara perquè se'n parla molt, però fa ja temps que mora entre nosaltres.
Així penso jo també. Però no fa tant de temps com a tal. Algoritmes sí. Però aquesta característica d'aprendre per ella mateixa, és recent. Prou recent per a produir una certa aprensió.
"Las armas las carga el diablo", se suele decir. Un amigo mío siempre añadía; "...y las manejan los estúpidos". El gran problema de la Inteligencia Artificial reside precisamente ahí, en la Estupidez Natural. En un par de años que la IA generativa lleva al alcance de cualquier listillo, hordas de estúpidos han ido arremolinándose a su alrededor como jamás lo habían hecho antes ante ningún gran genio. ¿es la culpa de la IA? por supuesto que no, la IA es una máquina y las máquinas no son nunca culpables. Los que las manejan sí, tienen responsabilidades, y los que las diseñan también. Que se puedan falsificar noticias y no billetes de banco me da que pensar.
Muy ajustado comentario. Gracias por pasarte por aquí.