Opinión


Estoy totalmente convencido del valor de la opinión. Es el primer derecho que los sistemas autoritarios intentan suprimir. Y no deja de ser curioso, desde un punto de vista meramente antropológico, el observar como este derecho primario es, al tiempo, la factoría más grande de conflictos.
Las opiniones, lamentablemente, no son, pero debieran ser, regalos que se ofrecen al fórum; sea este, la mesa familiar alrededor de una comida o la asistencia de una conferencia o un parlamento político. 
Pero no ocurre esto precisamente. Por regla general se habla de la opinión, en términos posesivos (mi opinión) y se esgrime como símbolo de integridad personal, al punto de que lo inmediato que sucede no es otra cosa que «su defensa» Defendemos la opinión como si fuera nuestra propia vida y no nos damos cuenta de que las opiniones, en un entorno de sensatez, solo tienen una misión: ser contrastadas con las de los demás. Pero contrastar, no significa combatir, ni tampoco enfrentar en el modo deportivo de término.

Nos llamamos «democráticos» a pesar de que, en nuestros debates, opinamos solo con el propósito encubierto de que esa opinión «venza y pueda ser impuesta» (imponerse). Si uno, está dispuesto a reflexionarlo un poco, se dará cuenta de que esto se aleja poco de los sistemas impositivos y autoritarios. Demasiado poco, diría yo.

Hay dos cosas (fáciles de detectar) que envenenan las conversaciones, cuando de opinar se trata:
  • El debate por el debate (discusión). Ocurre cuando, tras una opinión, las explicaciones posteriores son entendidas como «nuevos golpes agresivos» enmarañando aún más la naturaleza del debate al punto de que, en ocasiones, se olvida el tema que lo inició.
  • La sorna, como nuevo elemento agresivo. Añadir la burla o el intento de hacer chistosa la opinión del otro. Una forma sibilina de menospreciar y descalificar tanto a la opinión como al opinante.
Este comportamiento humano y generalizado, no es fácil de superar. Requiere de un muy buen equipamiento cultural que suele dar seguridad en uno mismo y por supuesto, requiere también de una limpieza de prejuicios y disponer de una autoestima equilibrada. Las personas equilibradas en este sentido, opinan mucho y discuten poco.


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