¿Lo ves?, ni cambio ni nada

Es prácticamente inevitable. No faltará el típico comentario:

¿Lo ves? Tanto cuento con la sequía y ahora no para de llover. Ni cambio climático ni pamplinas; no pasa nada que antes no hubiera pasado.

Nada más lejos de la realidad.

foto: National Geographic

Lo que hemos vivido en este invierno de 2025-2026 en Cataluña —que ya se ha consolidado como el más lluvioso de los últimos 30 años— no es un hecho aislado, sino que encaja perfectamente en el "manual" del cambio climático en el Mediterráneo.

1. La "gasolina" del Mediterráneo

El mar Mediterráneo ha estado registrando temperaturas muy por encima de su media histórica. Un mar más caliente actúa como una batería de energía: se evapora más agua y se transfiere más calor a la atmósfera. Cuando llega una borrasca (como la reciente Regina), tiene mucha más "gasolina" para descargar agua de forma violenta.

2. La física no miente: la relación de Clausius-Clapeyron

Existe una ley física fundamental que explica por qué llueve más fuerte ahora. Por cada grado Celsius que aumenta la temperatura de la atmósfera, esta tiene la capacidad de retener aproximadamente un 7% más de vapor de agua.
En términos llanos: una atmósfera más cálida es una "esponja" más grande. Cuando esa esponja se estruja (debido a un frente o una DANA), la cantidad de agua que cae es mucho mayor que hace 40 años, provocando esos récords históricos que mencionas.

3. El paso de los extremos: de la sequía al diluvio

Lo que más desorienta es que veníamos de una sequía extrema y, de repente, batimos récords de lluvia. Esto es precisamente lo que los climatólogos llaman "latigazos climáticos". El cambio climático no solo significa "más calor", sino una mayor variabilidad:

  • Periodos secos más largos y severos.

  • Episodios de lluvia más cortos pero mucho más torrenciales.

4. Bloqueos atmosféricos

Se está observando que la corriente en chorro (el "río" de aire que mueve las borrascas) se vuelve más lenta y ondulada. Esto hace que las borrascas se queden "atrapadas" sobre una misma zona (como ha pasado en zonas del Empordà o el Baix Ebre recientemente), descargando cantidades ingentes de agua en el mismo punto durante días.

En resumen:El cambio climático no "crea" la lluvia, pero sí la radicaliza. Convierte una borrasca normal en un evento histórico al darle más humedad y energía.



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