Soy un pringado.
Palabra que me resultaba dudosa y que, después de la pertinente consulta, ya no volveré a dejar que me sea aplicable.
Si hay algo que me molesta hasta el punto de provocarme desequilibrio y ardor de estómago, es que alguien me pregunte si sabría solucionar algún desajuste en el diseño de una plantilla de blog o página web y, después de ofrecerle una respuesta o proponerle que pruebe algún código en busca de alguna solución factible, ni siquiera se digne a contestarme o informarme si se ha solucionado el problema o no. Y es que hay gente que parece autista incluso para pedir un poquito de ayuda.
Aunque creo que puedo decir que soy buen conocedor tanto del código HTML como de PHP o estructuras XML, como es el caso de las estructuras de los blogs de Blogger, hay que entender que una plantilla puede llegar a tener 7000 líneas de código y aunque conozcas la estructura, buscar en esa maraña de instrucciones y estilos puede ser laborioso. Eso por no decir que pocas veces me han hecho una consulta usando un léxico correcto, sino que usan los nombres a su manera, lo cual añade dificultades. Con esto quiero significar que a veces poder sugerir una solución es dificultoso.
Qué menos que decir... Mira, Ricard, lo que me has propuesto que modifique, no funciona. O bien, ¡perfecto! ¡Solucionado! Y si además va acompañado de un "gracias" entonces ya... el nirvana. Es una cuestión de educación y consideración hacia el otro.
Pues mira, está clarísimo: Soy un puto pringado; un primo, ingenuo, incauto, bobo, y tonto del culo. Y además... bipolar! (según algún opinador).
Pero hoy, a las 20:24 he dejado de serlo (pringado. Bipolar, nunca lo he sido)
Pero hoy, a las 20:24 he dejado de serlo (pringado. Bipolar, nunca lo he sido)
Esta entrada no admite comentarios. No hacen falta.
Tags:
opinión
