Contemplación



En el atardecer del día, al igual que en el de la vida, es bueno recogerse y practicar la contemplación. Seguramente, la forma más liviana de la meditación, pues contrariamente a lo que supone meditar en profundidad, la contemplación es el gozo de los sentidos cabalgando en el corcel de los recuerdos.
En la contemplación, se trata de sentir con cada célula de la piel. Con todos los sentidos, con el corazón, esa reconocida sede del mundo de los sentimientos. 
La suave y ligerísima brisa, sin embargo, suficiente para transportar el aroma del jazmín desde el patio del vecino. Y lo consigue embriagadoramente, mientras los pájaros empiezan su camino de vuelta hacia las copas de los árboles y las nubes se visten de gala, adornándose del color que les provee el padre Sol.

Dicen los sabios de la antigüedad que la energía sigue al pensamiento. Que le obedece. Así que mejor tener una sonrisa permanente en el centro de la frente. Una actitud positiva, optimista y creativa. 
La contemplación, como decía antes, montada en el corcel de los recuerdos, viaja veloz por el curso de la vida pasada y, al aplicar esa energía creativa y positiva, se envuelve en sí misma con pensamientos hermosos, tiñendo incluso los malos recuerdos con el color de las cosas superadas, con el color de la paz de espíritu, de la conciencia tranquila.
Y el corcel sigue su curso, y solo alguna lágrima de emoción que intenta aflorar en los ojos parece poder frenar su velocidad, de modo que haces una parada en aquel episodio ya lejano, pero fresco y tan tangible como el contacto de tu espalda sobre la corteza del árbol en que te apoyas.
Escuchas el chapoteo de los peces de colores en el charco del jardín y solo ves la vida. Ese préstamo de la naturaleza y que tarde o temprano tendremos que devolver. Inmediatamente piensas que una buena muerte es aquella que deja el saldo a cero... en todos los aspectos. 
No sientes angustia; muy al contrario, te sientes agradecido. Por los padres que tuviste, por tus hermanos y amigos, por las mujeres que te ofrecieron un toque de la energía del universo: el amor. Por los hijos que llegaron. Te sientes agradecido por no haber tenido que dañar a nadie durante todas tus décadas. Te sientes agradecido por ese espectáculo nocturno donde bailan los planetas y donde las estrellas nos recuerdan nuestra pequeñez. 
Y sigues contemplando... embebido en el todo del universo, camino de la nada inevitable.
Ricard Pardo

No soy un "todólogo", pero procuro formarme en aquellas materias que me apasionan. No me gusta hablar de lo que ignoro. Sobre eso, prefiero escuchar. Mis pasiones son la fotología y fotografía, (que fue mi profesión), la climatología y medioambiente, las ciencias del espacio, la antropología (biológica).También vivo seducido por la tecnología. Mi debilidad más ostensible: los relojes.

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