Kon'nichiwa !
El día se ha despertado con lejanos flashes que iluminan las nubes, oscuras tanto por su carga lluviosa, como por la todavía tímida luz del amanecer. Son relámpagos aún muy distantes, pero que irremediablemente se acercan dispuestos a provocar una descarga que deseamos sea benigna.
Es un día de septiembre que propicia el recogimiento, quizás una dulce lectura envuelto en una manta ligera en el butacón del aprendiz de anciano que soy.
A medida que escribo, los relámpagos van acercándose y unos truenos estrepitosos suenan como si se rasgara el cielo. La lluvia ya chapotea en la terraza y como suele ocurrir por estos parajes, el temor de que se vaya la electricidad, empieza a invadir el ánimo. ¿Puede llover en mi interior?
¿Se pueden añorar los sueños? —Creo que sí. Mi mente viaja al pueblo de mis sueños. Un lugar sin nombre en el remoto, profundo y hermoso Japón rural. Podría ser Ohara, pero no es. Podría ser Tsumago, pero no es. Sin duda es un pueblo que me llega desde los mas ocultos registros akáshicos y que se vuelve recurrente en mi mundo onírico.
LLuvia a Sils i a Tsumago, a SBD ha caigut la de deu és crist, amb pedregada inclosa.
Amaneceres como el que describes, de forma tan intima y bonita, son propicios para remover nuestros sueños mas añorados, claro que sí.
un beso Ricard.