A vueltas con la estupidez

Ricard Pardo
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S(caps)i uso la expresión "estupidez humana" aquel que no quiera profundizar y no trate de sintonizar con la idea, lo interpreta como un insulto. Pero no es tal cosa; de hecho, observar nuestra propia especie con un poco de cinismo es un ejercicio de honestidad intelectual bastante sano; creo que incluso, necesario. Lo creo con firmeza. Si analizamos el comportamiento humano desde fuera (como si fuera un documental para alienígenas), hay "joyas" de la conducta que son difíciles de justificar de forma racional. 

En una cosa sí que estoy de acuerdo: Cuando hablamos de estupidez, el calificativo humana, sobra, pues para ser estúpido, la condición sine qua non es ser humano. Yo, la suelo utilizar para describir bien su extensión y que no se perciba como dirigida a personas que sufran de algún desarreglo psicológico.

Pensamos y anhelamos el triunfo del corto plazo sobre la supervivencia. Somos la única especie capaz de entender que está destruyendo su propio hogar (el planeta) y, aun así, decidir que los beneficios del próximo trimestre son más importantes. Es como quemar los muebles de tu casa para calentarte una noche, sabiendo que mañana dormirás a la intemperie. 

Sufrimos el síndrome de la "necesidad de confirmación". Tenemos acceso a casi todo el conocimiento humano en el bolsillo, pero lo usamos para buscar exclusivamente a gente que piense exactamente como nosotros. Preferimos sentir que tenemos razón a descubrir la verdad. Si los datos contradicen nuestras creencias, lo más probable es que decidamos que los datos están mal. Y esto es algo que nos ocurre en cualquier campo; desde las creencias hasta las ciencias exactas. 

Tuve la oportunidad de conocer sobre El Efecto Dunning-Kruger Se trata de una tendencia tan extendida como fascinante: Cuanto menos sabe alguien sobre un tema, más seguro está de ser un experto. Esto llena las redes sociales de opinólogos que discuten de epidemiología, física cuántica o geopolítica con la misma ligereza con la que critican un menú del día. En la actualidad hay un sinfín de expertos y opinadores sobre la inteligencia artificial, que en realidad no saben un pimiento. Es la versión actual de aquel viejo dicho del "Dime de qué hablas y te diré de que careces".
Veo la estupidez humana galopando desbocada cuando constato que hemos creado herramientas asombrosas para conectarnos y aprender, pero terminamos usándolas para:
  • Pelear con desconocidos a 3.000 km de distancia.
  • Mirar videos de 15 segundos hasta que se nos duermen las piernas.
  • Sentirnos mal por no tener la vida filtrada que otros muestran en fotos.

Seguimos viviendo en un tribalismo autodestructivo. ¡La tribu, la tribu, la tribu y luego, la tribu! Mantenemos una mentalidad de "nosotros contra ellos" por motivos que, vistos objetivamente, son absurdos: el color de un trozo de tela (banderas), qué equipo mete una pelota en una red o diferencias ideológicas mínimas. A menudo, el ser humano prefiere que su "enemigo" pierda, aunque eso signifique que él también pierda algo en el proceso. 

Hay que ser muy estúpido para otorgar crédito a un líder después de haber visto sus mentiras reflejadas por doquier. Somos expertos en el arte de complicarnos innecesariamente la existencia. Expertos en crear problemas donde no los hay. Inventamos sistemas burocráticos inflados hasta explotar, y establecemos jerarquías de estatus basadas en acumulación de objetos que no necesitamos, solo para impresionar a gente que no nos cae bien e incluso a quienes no conocemos de nada. La relación ricos~pobres es más poderosa que la de sabios~ignorantes. 

 P(caps)ero la mayor prueba de nuestra estupidez endémica es tener que aceptar que, a pesar de todo lo dicho, también somos la especie que compone sinfonías y envía robots a Marte. Somos un caos fascinante de genialidad y torpeza extrema, encima de dos zapatos.

Un último pensamiento: Esa "estupidez" es también la que nos hace impredecibles y, a veces, sorprendentemente creativos. Si fuéramos 100% lógicos, seríamos calculadoras con patas, y eso sería bastante más aburrido.
Aceptemos nuestra estupidez, sin sentirnos ofendidos, a no ser que a la estupidez le queramos añadir la soberbia. Y hablando de soberbia, mejor que lo dejemos aquí que, como dicen en Catalunya: "Encara ens hi fariem mal"
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