Muy sinceramente diré que estos días apetece mucho apartar la mirada del suelo y elevar un poco el espíritu contemplando el cielo. Lamentablemente, los hay que no pueden y miran hacia arriba, esperando la aparición de un misil o un dron.
Pero la imagen que sigue no es un cielo que podamos ver; al menos no, con nuestros ojos directamente. Ni siquiera con un telescopio frente a ellos. Lo vemos en fotografías tratadas o en pantallas. Y es así porque nuestros ojos no pueden ver el espectro infrarrojo.
Conformémonos con una contemplación serena de la noche oscura, pero en luz visible. Soltemos emoción con el centelleo estelar al que nuestra lengua castellana le ha dado tan hermoso verbo: titilar, y también sintamos la solemne quietud de los planetas visibles.
Y no, no es uno de los gusanos de Dune. La favorable posición del observador hace posible esa apariencia. Un gusano de la ficción a punto de tragarse toda una galaxia, que obviamente no está en el mismo plano, sino mucho más atrás. (La galaxia espiral vista de canto, ESO 257-19, está a más de cien millones de años luz más allá del aparente gusano).
Posiblemente se trata de restos de la explosión de una supernova, aunque los astrofísicos ya nos dicen que ese cuerpo del aparente gusano tiene nombre: Glóbulo cometario CG4, que está a 1300 años luz de distancia.
Pues a mí me recuerda, al bocazas de Trump, soltando alguna de sus barbaridades
Ve a saber lo que ronda por ese universo y que aún no controlan los científicos. Habrá sorpresas. Aunque los astrofísicos traten de conocer tamaños, cuerpos, movimientos y órbitas, entre tantas otras circunstancias, cosas veredes los que aquí queden.
Tiempos terribles estos en los que en cualquier momento, en vez de estrellas fugaces o planetas, podamos llegar a ver en el firmamento el resplandor de ataques con misiles destrozándolo todo, llenando las ciudades de muerte.
Salud.
Okanu ho ha clavat, i tot per que Trump no mira el cel sino el dit que l'assenyala.