Hay pocas cámaras que tengan «una voz» cálida y firme, casi radiofónica y que se exprese demostrando estándares de precisión, fiabilidad y durabilidad, poco comunes hoy en día.
El sonido mecánico de esos clics en las ruedas de todos los mandos, a mí, me suenan parecido a la voz de un tenor o incluso al sonido contundente del órgano de una iglesia.
Os presento a mi Leica. La hermana más pequeña de la familia. Conocida también como D-Lux 8 y que algunos llaman  MiniQ.
Los juerguistas, cuando ven que se acerca el final de la juerga, hablan de tomarse de «la penúltima». Quiero hacer parecido y no hablar de la «última cámara» por bien que sea más que probable. Pero dejaremos una puerta abierta y hablaré de la penúltima.