Huríes
Fueron unas escasas centésimas de segundo. Sus sentidos apenas pudieron captar aquella luz cegadora, ni el instantáneo incremento de una temperatura de miles de grados, ni la brutal onda de sonido. Por supuesto tampoco pudo registrar la más mínima sensación de dolor. Sin embargo sufrió. Mucho. Durante bastante tiempo; pero eso fue antes del instante fulminante. Se suele escuchar ese aforismo que afirma que el dolor es inevitable pero el sufrimiento es optativo. Esta vez fue precisamente todo lo contrario. El dolor fue imperceptible a pesar del estropicio orgánico, pero el sufrimiento era y fue inevitable, intenso y agobiante. La noche anterior fue interminable y en su mente se mezclaba el miedo y las promesas recibidas desde siempre. En medio de los sudores de ansiedad, en aquella noche calurosa, recordaba las reuniones en la mezquita. Recordaba al imám afirmando que en el Corán se decía que «Ciertamente para los justos habrá un cumplimiento de los deseos (del corazón); jardines e...