Contemplación
En el atardecer del día, al igual que en el de la vida, es bueno recogerse y practicar la contemplación. Seguramente, la forma más liviana de la meditación, pues contrariamente a lo que supone meditar en profundidad, la contemplación es el gozo de los sentidos cabalgando en el corcel de los recuerdos.
En la contemplación, se trata de sentir con cada célula de la piel. Con todos los sentidos, con el corazón, esa reconocida sede del mundo de los sentimientos.
La suave y ligerísima brisa, sin embargo, suficiente para transportar el aroma del jazmín desde el patio del vecino. Y lo consigue embriagadoramente, mientras los pájaros empiezan su camino de vuelta hacia las copas de los árboles y las nubes se visten de gala, adornándose del color que les provee el padre Sol.
Dicen los sabios de la antigüedad que la energía sigue al pensamiento. Que le obedece. Así que mejor tener una sonrisa permanente en el centro de la frente. Una actitud positiva, optimista y creativa.
La contemplación, como decía antes, montada en el corcel de los recuerdos, viaja veloz por el curso de la vida pasada y, al aplicar esa energía creativa y positiva, se envuelve en sí misma con pensamientos hermosos, tiñendo incluso los malos recuerdos con el color de las cosas superadas, con el color de la paz de espíritu, de la conciencia tranquila.
Y el corcel sigue su curso, y solo alguna lágrima de emoción que intenta aflorar en los ojos parece poder frenar su velocidad, de modo que haces una parada en aquel episodio ya lejano, pero fresco y tan tangible como el contacto de tu espalda sobre la corteza del árbol en que te apoyas.
Escuchas el chapoteo de los peces de colores en el charco del jardín y solo ves la vida. Ese préstamo de la naturaleza y que tarde o temprano tendremos que devolver. Inmediatamente piensas que una buena muerte es aquella que deja el saldo a cero... en todos los aspectos.
No sientes angustia; muy al contrario, te sientes agradecido. Por los padres que tuviste, por tus hermanos y amigos, por las mujeres que te ofrecieron un toque de la energía del universo: el amor. Por los hijos que llegaron. Te sientes agradecido por no haber tenido que dañar a nadie durante todas tus décadas. Te sientes agradecido por ese espectáculo nocturno donde bailan los planetas y donde las estrellas nos recuerdan nuestra pequeñez.
Y sigues contemplando... embebido en el todo del universo, camino de la nada inevitable.

Interesante, ¿contemplación sería igual a 'badar'?, o quizás 'badar' sería contemplación en movimiento. Hoy que amanece un día soleado, aprovecharé para 'badar' por el Santuario de la Salud, que mañana celebra su 'aplec', y en principio, debería llover, como lo hace casi cada año.
ResponderEliminarPara nada. Badar (embobarse) supone un ejercicio de observación, prácticamente involuntaria y hacia el exterior. Hacia aquello que te rodea. Más que mirarlo, simplemente lo ves. Según Carod Rovira, era una de sus "situaciones favoritas", como declaró en una entrevista.
EliminarLa contemplación es un ejercicio de relación entre el exterior y el interior. Se parece al badar, pero no te emboba, sino que te dirige a tu mundo interior y de un modo muy perceptible.
Se necesita, a mi entender, de un lugar tranquilo y en silencio, y a ser posible sin nadie alrrededor. He tenido ocasiones que sin buscar se me han ofrecido. Las he aprovechado.
ResponderEliminarCreo que es la mejor actitud que nos queda: sentirnos agradecidos y, en la medida de lo posible, demostrárselo a las personas que vivan y de las que hayamos recibido y seguimos recibiendo.
ResponderEliminarSí; así lo creo yo también. Saludos!
EliminarTal parece, que está escrito por un poeta, aunque el autor se niegue a reconocerlo. Cada una de las palabras nacen de ese lirico reconocimiento, del ser agradecido a lo que nos hatocado vivir.
ResponderEliminarLas etiquetas, creo que son lo de menos. De hecho solo sirven para destrozar subjetividades. Los poetas, los etiquetables, me merecen tanto respeto que no me entiendo como tal, ni por aproximación. Gracias Juan!
EliminarCada palabra tuya Ricard, lleva a calmar la mente, a la reconciliación con uno mismo, y siento que eso que solo puede ser vivido, lleva a la paz, a apreciar la belleza y como bien apuntas al agradecimiento.
ResponderEliminarUn abrazo.
No sé, no sé Ángela... te aseguro que hay quien solo de ver mi nombre en algún comentario, ya tiene un ataque de ansiedad. 😉
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